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Los payasos de la
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El consumismo
de las Pascuas no entiende de protestas de Seattle. Por si
fueran pocos los terrores del milenio, encima los terrores de
las Pascuas, o viceversa. Antes, por estas fechas, anunciaban
mantecados de Estepa, turrones de Jijona (perdón, Xixona),
muñecas de Famosa que se dirigían al portal, que yo no sé
qué puñetas pintaban las muñecas de Famosa en el portal, es
una de las grandes incógnitas de nuestro tiempo. Ahora son
Pascuas multimedia. La Navidad es el tiempo en que las
familias consumen obligatoriamente el último producto de la
Factoría Disney, que este año son romanos y galos de Asterix.
El tiempo de las videoconsolas, de los juegos de marcianitos.
De los discos. En esta ocasión, un disco para la memoria.
Con su nariz de
Pepe Barrionuevo, los rojos carteles con la cara de Fofó
empapelan media España. Anuncian un disco, reconversión
industrial de las canciones que son la banda sonora de la
memoria infantil de quienes nacieron en los últimos años del
franquismo y primeros de la transición. Gaby, Fofo y Miliki
siguen cantando a sus niños de treinta años y les hacen la
eterna pregunta del cómo están ustedes. Y los niños de
treinta años responden:
-- Pues ya ves,
tío: ya un poco calvos, casados, licenciados en Económicas,
apuntados a un gimnasio para no engordar más de la cuenta,
bastante entrampados con la hipoteca del piso todavía,
tratando de ganar dinero, yendo a la nieve en el puente,
¿cómo quieres que estemos?
El ratón de
Susanita es de Microsoft, que se licenció en Informática. El
dale al balón es el partido de pago del domingo en la
televisión del satélite digital, con la lata de Budweiser
que trajo de costumbre de Estados Unidos, del curso
equivalente a COU hecho en el obligatorio cumplimiento del
sueño americano. Los huevos que ha puesto la Gallina Turuleta
son todos sin colesterol y bajos en calorías.
Uno de esos
niños de la memoria generacional de las canciones de Fofó,
que aún está apalancado con sus padres y que se llama Felipe
de Borbón, salió el otro día detrás de una pancarta,
pidiendo a la ETA que dejara de matar. Pongo a ese
treintañero en su tiempo y pienso en este sino terrible que
tiene cada generación española. Los que nacimos en la
postguerra no supimos hasta que estábamos casados y con hijos
lo que era la libertad. Los niños de la transición, los
niños de Fofó, no ha conocido, ay, una España sin
terrorismo, sin atentados. Nacieron cuando el coche de Carrero
Blanco volaba por los aires y siguen esperando dónde va a
sonar la bomba nuestra de cada día, como en aquellas tardes
de nocilla en que veían a los payasos por la tele en blanco y
negro.
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