Vivir
en Barcelona tiene que ser una maravilla. Cada vez siento mayor
envidia de los vecinos de la Ciudad Condal, a cuya cabeza pongo,
porque debe pasar por delante según protocolo, a S.A.R. la
Infanta Doña Cristina, feliz madre que ha añadido al título de
Real de su familia el de numerosa. Cosa insólita. En esta nación
de hijos únicos o todo lo más de la parejita, y con estas
personas regias tan normales, ya casi es más fácil encontrarse
por la calle una Familia Real que una familia numerosa.
Envidio a los barceloneses
por la gran capital en que viven, por sus calles sin atascos, por
su nivel de renta, su floreciente industria, su pujante comercio.
Los envidio por el Liceo, por su afición al excursionismo, por su
industria editorial. Pero, sobre todo, los envidio como a los
pilotos de Fórmula 1.
-- A ver, explíquese:
¿cómo es eso que le dan envidia los pilotos de Fórmula 1?
Usted los habrá visto por
televisión, cuando dan una carrera de Fórmula 1. ¿Ha visto
llegar esos coches de carreras a los boxes, cuando se detienen
para una emergencia? Llega el coche, se detiene, y
automáticamente salen diez o doce mecánicos uniformados con los
colores de la escudería, que inmediatamente rodean al coche. Ya
es mérito que no se den codazos entre ellos, pero mayor logro es
aun que, sin que venga el señor Sánchez, que suele ser el
encargado de todos los talleres de coches, cada uno sepa lo que
tiene que hacer. Aquél se va al motor y aprieta no sé qué; el
otro, con un compañero, se va a la rueda, le meten un gato, la
quitan y sustituyen en un plis, plas. Cada vez que veo a los
mecánicos de la Fórmula 1 me acuerdo del último pinchazo que
sufrí. Sólo averiguar dónde estaban el gato y la rueda de
repuesto en el maletero me llevó más de diez minutos. Y, gato en
mano, casi otros diez minutos localizar el estribo interior de la
carrocería donde había que introducir el perno, el famoso perno.
En disposición de disponerme a dar a la manivela estaba cuando mi
mujer me dio el más sabio de sus consejos:
-- ¿No será mejor llamar a
los de ADA?
Y me acuerdo de la Fórmula
1 cuando llevo el coche al taller. Como no soy campeón mundial,
cuando aparco en aquellos boxes no sale ejército de mecánicos
alguno. Con mucho esfuerzo consigo que me atienda, por fin, el
recepcionista de bata blanca. Se entera del mal que aqueja a mi
coche y veo que pone mala cara, como cuando el médico te va a
decir que tienes algo grave. Será cosa de la bata blanca. Dice
con mucho misterio:
-- Ese ruido va a ser que
tiene roto el estabiliande de la tragafunda de la moquisá, y
veremos a ver si tenemos el repuesto en el almacén o hay que
pedirlo a Barcelona...
No falla. En el almacén
tienen siempre el termostato del centralizador del cierre de
puertas y el algarín del permutor del delco, pero nunca el
estabiliande de la tragafunda de la moquisá. La que se le ha roto
a nuestro coche, precisamente esa pieza y no otra, tienen que
pedirla siempre a Barcelona. Donde siempre es fiesta. Los
andaluces tenemos fama de juerguistas; mas, para fiestas,
Barcelona: especialmente cuando tiene que venir la pieza desde
allí. Preguntamos cuánto tardará el famoso estabiliande y
siempre nos dicen:
-- Pues no sé, porque hoy
es jueves, y como mañana viernes es allí fiesta y ya hasta el
lunes no trabajan...
No falla. En el coche y en
todo aparato doméstico. Se rompe la lavadora, y la pieza que
falta tiene que venir de Barcelona. El frigorífico roto no puede
volver a funcionar hasta que venga la pieza de Barcelona. De
Barcelona la pieza para el vídeo y de Barcelona la del aire
acondicionado estropeado. Cuando llego en avión al aeropuerto del
Prat y veo tantísimas naves industriales en sus contornos, siento
envidia de los barceloneses. Ahí están las piezas ansiadas.
Todos esos almacenes están llenos de la famosa pieza que tiene
que venir de Barcelona. Los barceloneses las tienen a dos pasos de
su casa y nunca tienen que esperar hasta la semana que viene. Por
eso los envidio. Me imagino que la Infanta Doña Cristina ha
elegido por eso vivir en Barcelona. Para que cuando se le rompa la
lavadora de la ropa de los niños no tenga que esperar que la
pieza venga de Barcelona.

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