A la peseta le han hecho la peseta y todos
contentísimos. Inglaterra está llena de euroescépticos, y España, de euroeufóricos
sin causa justificada. Aquí nos meten en la Unión Europea, nos quitan la peseta y
después nos dirán que nos vayamos bajando los pantalones, sin que nadie tenga la
delicadeza de convocar un referéndum, ¿no, don Julio Anguita? Con el euro me pasa como a
aquel alumno en prácticas de Periodismo a quien, sin tener idea de fútbol, lo mandaron a
hacer la crónica de un trofeo veraniego. Al volver le preguntó al redactor-jefe:
"El Sevilla le ha ganado por 2 a 0 al Stade de Reims, ¿eso es bueno o es
malo?". Yo, que sigo de becario, no sé si es bueno o es malo que Europa nos gane por
goleada y aquí estemos tan contentos. Hemos dejado de ser una colonia americana para
convertirnos en una colonia alemana. Agua de la Colonia de Kolh, pero con el bote cerrado.
El nacionalismo español
y el orgullo de nuestra cultura y nuestra historia, como la crema de las pastelerías en
verano: dentro, por la que está cayendo.. Nadie ha rezado ni un padrenuestro por el alma
de la peseta como bien cultural e histórico. La foto de la cumbre del euro en Bruselas me
pareció la presidencia del duelo en el gorigori de la peseta. Lo que más me escama es
que Tony Blair, que parte más bacalao que nosotros en Bruselas, de momento se ha quedado
con la libra y después ya veremos. Estoy por cambiar la peseta, de las nauseas que me da
este entreguismo ante Europa. ¿Para qué votamos, si quien manda aquí es don Edmundo el
alemán? Y esperemos que la cosa se quede en la peseta. No me extrañaría nada que una
próxima cumbre europea prohiba otros símbolos nacionales como la paella, la sangría, la
siesta y la madre de la Pantoja.