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Calculo
que el presente es el artículo número 849 de los últimos
días sobre el Príncipe de Asturias y su posible boda con la
pregonada modelo noruega. A cada articulista español calculo yo
que Eva Sannum le ha dado a ganar una media de 4,7 jornales. Las
radios echan humo, las televisiones rompen el "share"
y las revistas se forran. Esto es lo que me preocupa. La que se
ha armado. Y que, sean ciertos o inciertos los toros, la cornada
está ya dada. Día que pase, día que se siga hablando a humo
de pajas o con la mejor tinta de este cuento de hadas sin
carrozas, sin calabazas y con muchos ratones protagonizado por
el Príncipe y la Modelo, es día en que se erosiona, y
gravemente, la propia esencia de la Institución.
Gracias a Dios, hemos tenido en España una Restauración de
la Monarquía (ojo, Restauración, que no instauración) como
llovida del cielo. No paso cortesanamente la mano por el lomo a
la Corona si digo que el Rey y la Reina lo han hecho de cine. La
transición de una dictadura a una democracia fue de Guinness
Book: un récord de concordia en una España partida en dos en
dos siglos de luchas civiles. Para que así lo hiciera S. M., la
clave estuvo en un lema de Don Alfonso XIII hecha entrega de
vida y de renuncias por Don Juan de Borbón: "Rey de todos
los españoles". El Rey lo ha sido y lo es cada día de
todos. De los comunistas y de los conservadores, de los
periquitos y de los culés, de los nacionalistas y de los
constitucionalistas, y sigan poniendo particiones duales de
España hasta el infinito. La Corona, igualmente, lo ha sido de
todos. Se ha consolidado aún más con la alternancia de
centristas, socialistas y populares en el poder. La Monarquía
ni era de la UCD, ni fue del PSOE ni es el del PP.
Hijo de ese Rey, heredero de esa Corona, ¿es ahora mismo Don
Felipe de Borbón el Príncipe de todos los españoles? Esa es
mi duda. Y mi preocupación. Si se casa con Eva Sannum, será el
Príncipe de los que les parece de perlas, pero no de los que
reclamamos que se siga cumpliendo el reglamento que precisamente
decidió su alineación y no la de otro en este encuentro. Si no
se casa con Eva Sannum, será el Príncipe encantado de los más
encantados todavía que vamos por el plan antiguo, pero dejará
por el camino muchos heridos en el falso sentimiento
"democrático" de una Institución cuya grandeza es
que vela por la democracia, pero no se rige por sus reglas. Su
augusto padre acabó con las dos Españas como Rey de todos los
españoles, pero con el Príncipe las volvemos a tener en danza.
Mal comienzo para un futuro reinado. Tiene dividida hasta a la
poquita afición que hay. Así, y mientras, porra dentro o porra
fuera, no se ponga pronto pie en pared a este huracán
peligrosísimo, a Don Felipe cada día le costará más trabajo
ser aceptado como el futuro Rey de todos los españoles.
Sobre la Corona y la
boda del Príncipe, en El RedCuadro:

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